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Pandemia Zombi


Durante el verano, entre otras muchas cosas hemos ido al cine. Luis Pérez, investigador del IBMC y profesor de Bioquímica y Virología de la UMH, además de haber visto Guerra Mundial Z, nos hace este análisis desde el punto de vista de la Virología.

world war z poster

Guerra  Mundial Z, película estrenada el pasado mes de agosto, vuelve a presentar a los zombis como si de una enfermedad infecciosa (supuestamente viral) se tratara. En este caso, la infección zombi acaba extendiéndose por todo el mundo, lo que en termología científica se conoce como pandemia. La película tiene algunos detalles que se acercan a la “ciencia real”, como la búsqueda del origen de la epidemia (el caso cero o primera persona infectada), así como el intento de aislar el agente infeccioso en el laboratorio. Todo lo demás ya pertenece al terreno de la pura ficción.

El virólogo Ian MacKay dijo en una ocasión que “un zombi es como ponerle a un virus patas y dientes”. De hecho, existe en la naturaleza un microbio que afecta al sistema nervioso del animal infectado, cambiando su comportamiento y haciéndolo más agresivo y propenso a morder: el virus de la rabia. Por  lo demás, ahí se acaba todo paralelismo; empezando porque los humanos infectados de rabia no van corriendo a morder a otra persona. Los tiempos de replicación del virus zombi en el organismo también son de récord: en apenas doce segundos una persona mordida por un zombi ya manifiesta los síntomas y es capaz de transmitir la “enfermedad” a otra. Ni que decir tiene que no hay en el mundo real ningún agente infeccioso capaz de multiplicarse a semejante velocidad, las infecciones víricas necesitan estar al menos uno o dos días en el organismo infectado para tener la capacidad de ser transmisible.

Si por un momento imagináramos la existencia de un virus zombi, ¿se podría detener la pandemia? ¿Y cómo? Para responder a estas preguntas habría que conocer las propiedades biológicas  del agente infeccioso, lo que en la película queda relegado a un segundo plano: el paciente cero no aparece, y en el laboratorio donde intentan aislar el virus lo único que consiguen es volverse todos zombis. Continuando con la contención de la epidemia, hay dos factores en contra de la humanidad: la súper-velocidad de propagación por el organismo como comentaba antes, y las consideraciones éticas que se aplican cuando el sujeto de una enfermedad es el ser humano (zombi o no zombi). Claro que esto último no suele representar ningún problema en las películas de zombis, donde lo normal es que se apliquen “medidas de contención” de lo más drástico, que además es donde está la gracia. Si se limitasen a aislar a los zombis en un hospital y darles unas pastillas las pelis de zombis no tendrían mucha audiencia.

ATENCIÓN: SPOILER

En cuanto a la clave que ofrece el realizador de la película para la contención de la pandemia (nota: si piensas ver la película no sigas leyendo), vuelve a tener una remota conexión con la realidad.  Sí, es cierto que la presencia de un virus en una célula u organismo completo, puede impedir la replicación de otro virus que infecte a continuación. Cuanto más parecido sea el primero al segundo, mejor (cuando son el mismo virus sería equivalente a una vacunación). Pero en cualquier caso, lo que se plantea en el film, más que una vacuna se trata de un repelente biológico para zombis, que parecen detectar si una persona tiene una enfermedad grave y no le muerden. El cómo los zombis pueden intuir quién sufre otra infección y quién no es un completo misterio. Y sobre todo, no creo yo, por continuar con el ejemplo de la rabia, que un perro con rabia deje de morder a una persona porque tenga la gripe o la viruela, incluso si pudiera sentirlo de alguna manera. También es verdad que para la rabia los humanos somos como un callejón sin salida, ya que no propagamos la enfermedad. Por encima de todo, la idea de inyectar un patógeno de nivel 4 de riesgo biológico (nivel de máximo riesgo biológico, similar al virus del ébola o de la viruela) a la población, aun habiendo cura, no creo que entrara en los planes de la Organización Mundial de la Salud. La manera científica de abordar el problema sería, como no es difícil de imaginar, atrapar a un zombi vivo, y (después de atarlo y ponerle un bozal claro está) extraerle muestras de sangre y de diversos tejidos para analizarlas en un laboratorio de seguridad biológica, hasta descubrir el agente infeccioso. Averiguar a qué virus se parece de los ya conocidos, y si hay algún modelo animal en el que se puedan reproducir los síntomas (conejillos de indias zombis ¿se imaginan?). Pero claro, no le van a pagar un sueldazo a Brad Pitt para que luego se limite hacer un par de PCRs. Está claro que la película exigía un final algo más heroico.

En todo caso, por concluir, Guerra Mundial Z es una película simplemente entretenida. Si le interesan estos temas pero tratados con cierto rigor científico, le recomiendo que vea Contagio.

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martes, 3 de septiembre de 2013